Reducción al absurdo

colibrí

No es esta la primera mañana en que Gregor Samsa despierta transformado en un ente distinto al que era en el momento de irse a dormir. Hoy amaneció siendo un colibrí, uno que de inmediato abrió sus alas, y al que le es imposible escapar de la pequeña habitación en la casa familiar pues la ventana y la puerta se encuentran cerradas. Por ello no podrá salvarse cuando el señor Samsa se dé cuenta de que su hijo ha mudado de forma una vez más y decida aniquilarlo con cualquier arma que encuentre a su alcance: en esta ocasión será un matamoscas el instrumento destinado a aplastar al extraño. Si bien por naturaleza los colibríes son más veloces que la mano humana, Gregor ya se está dejando vencer por el hambre, el cansancio, el abatimiento, y sobre todo por el espanto que desde siempre le ha producido la siniestra determinación paterna.

Ayer era un colorido ciempiés que sucumbió bajo un zapato de piel de marrano. Un día antes fue su propio maullar el sonido que lo espabiló. Desde 1915 se ha repetido este ciclo de inusual y eterno mal karma: sólo varía el tipo de bicho en que Gregor se convierte y la manera en que es exterminado por su progenitor. El tiempo entre la metamorfosis y el asesinato se ha ido reduciendo de forma constante, y en un futuro llegará a cero el límite de la ecuación: entonces el hombre habrá de matar a su vástago casi en el instante en que este despierte. Llegado a este punto, el lapso entre ambos sucesos seguirá acortándose hasta el infinito: así, un día el señor Samsa asesinará a Gregor mientras este duerme; luego, será antes de que cierre siquiera los ojos. Eventualmente aparecerá una paradoja en la cuarta dimensión pues Gregor morirá antes de nacer, antes de ser concebido por sus padres, antes de ser imaginado por Kafka, antes de que Franz Kafka exista, antes de que se hable el idioma alemán, antes de que el Homo sapiens aparezca, antes de que el planeta Tierra surja de entre los escombros del Big Bang.

Relato de la autora Jéssica de la Portilla Montaño © 2017.

Jéssica de la Portilla Montaño (Ciudad de México, 1979). Escritora, editora, traductora, profesora, tarotista, webmaster, mamá de Aranza y esposa de Héctor. Ha publicado cuentos y poemas en libros, revistas y antologías electrónicas. Desde 2010 radica en León, Guanajuato, donde publicó la columna "De chilanga aferrada a leonesa de corazón" en el periódico El Heraldo del Bajío. Su página web, todomepasa.com, cumplió diez años en línea en junio de 2017.

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Oleh

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